De la psicología conductista a la ingeniería de sistemas.
En los episodios anteriores definimos qué es este campo y aclaramos la diferencia entre una teoría y un modelo. Pero hoy, vamos a hacer un viaje en el tiempo. Porque para saber hacia dónde va la educación virtual, necesitamos entender de dónde viene.
A menudo pensamos que el diseño instruccional nació con Internet o con las computadoras, pero nada más lejos de la realidad. Si revisamos la historia, veremos que esta disciplina tiene dos padres fundamentales: la psicología conductista y la ingeniería de sistemas.
Vamos a situarnos a mediados del siglo XX. Según expertos como Molenda, el diseño instruccional nació de la fusión de la psicología del comportamiento —esa que habla de aprender mediante la respuesta— y la ingeniería de sistemas.
Empecemos con la parte psicológica. Tenemos que hablar de un nombre que quizás recuerden de sus clases de psicología: B.F. Skinner. En 1954, Skinner demostró su «máquina de enseñanza». Imaginemos esto no como una computadora moderna, sino como un dispositivo mecánico diseñado para que los estudiantes completaran o contestaran cuestionarios y recibieran retroalimentación inmediata.
Skinner basaba esto en el condicionamiento operante. La idea era simple pero poderosa: el aprendizaje se logra mediante el refuerzo. Si el estudiante da la respuesta correcta, recibe una recompensa (o refuerzo positivo), lo que aumenta la probabilidad de que repita esa conducta. Si se equivoca, la máquina no avanza.
Esto dio origen a lo que se llamó el «movimiento de la instrucción programada» entre los años 50 y 60. Se crearon unidades preparadas, secuencias planeadas y se dependía mucho de objetivos conductuales claros.
Y hablando de objetivos, aquí entramos a la segunda pieza del rompecabezas: la sistematización.
En los años 60, el diseño instruccional se formalizó con el «movimiento de objetivos conductistas». Robert Mager escribió en 1962 un libro clave sobre cómo preparar objetivos instruccionales. La regla era estricta: un objetivo debía describir una conducta específica observable y medible.
Por ejemplo, no bastaba con decir «el alumno comprenderá el tema». No. Un objetivo conductista sería: «Después de completar la unidad, el estudiante será capaz de contestar correctamente el 90% de las preguntas del post-examen». ¿Ven la diferencia? Se trata de cuantificar y medir.
En este contexto también apareció Benjamin Bloom, quien en 1956 desarrolló su famosa Taxonomía del Aprendizaje, clasificando el saber en niveles: conocimiento, comprensión, aplicación, análisis, síntesis y evaluación. Esto le dio a los diseñadores una estructura jerárquica para planear la enseñanza.
Pero, ¿Dónde entra la ingeniería? Resulta que la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría exigían entrenar a miles de soldados rápidamente y sin errores. Aquí es donde la ingeniería de sistemas aportó un marco de trabajo sistemático para analizar el problema.
Un ejemplo clásico de esto es el modelo conocido por sus siglas en inglés como IPISD (Interservices Procedures for Instructional Systems Development), creado para las fuerzas armadas. Este modelo militar era riguroso y tenía fases muy marcadas: Analizar, Diseñar, Desarrollar, Implementar y Controlar,. ¿Les suena familiar? Es el abuelo del modelo ADDIE que usamos hoy.
Este enfoque de sistemas veía la instrucción como un proceso lógico: analizar las tareas, diseñar contenidos para cumplir objetivos, probar los materiales y evaluar externamente con base en el desempeño de los graduados,.
(Música sube de tono, más moderna)
Entonces, ¿Qué nos queda de todo esto hoy? Aunque la psicología ha avanzado hacia el cognoscitivismo y el constructivismo, nuestras plataformas de e-learning actuales (como Moodle o Blackboard) todavía tienen mucho de ese ADN conductista y sistémico. Cuando diseñas un curso en línea y divides el contenido en módulos pequeños, pones un quiz al final y das retroalimentación automática, estás usando los principios de Skinner y de la instrucción programada,.
El diseño instruccional, como tarea pragmática, nació de la necesidad de hacer la formación eficaz y competente. No fue un accidente; fue una ingeniería del aprendizaje.La próxima semana, vamos a ver qué pasa en la mente del estudiante. Dejaremos las máquinas y las conductas observables para entrar en la «caja negra» de la mente con el Cognoscitivismo.











